viernes, 5 de octubre de 2012



TANATOLOGÍA Y REIKI

Tanatología es la teoría o estudio de la muerte, y si
muerte no es sino la transmutación de la energía y Reiki también emplea el manejo de la misma, entonces podemos decir que la combinación de ambos conocimientos se complementan perfectamente. ¿En qué apoyo esta afirmación?



En general, el común denominador al enfrentarnos a la pérdida de un ser querido o a una enfermedad es el miedo...

Bien, como tanatóloga voluntaria en un hospital público de mi país, México, tengo como trabajo orientar tanto a enfermos como a familiares acerca del proceso de la muerte así como brindarles apoyo emocional y/o psicológico para hacer menos doloroso ese inevitable trance.



En general, el común denominador al enfrentarnos a la pérdida de un ser querido o a una enfermedad es el miedo. En el enfermo, el temor de enfrentarse a lo desconocido, a tener que aceptar la pérdida de facultades físicas que transformen su modo de vida y lo hagan depender totalmente de los cuidados y atenciones de otros. En los familiares el miedo a dejar ir, al vacío, a la soledad reinante tras la partida del ser amado.



En México, un país de religión preponderantemente católica, el Reiki constituye uno de esos temas de "La Nueva Era" prohibidos por la Iglesia, pues se considera al practicante como una especie de brujo. Por otro lado, la medicina tradicional aún no acepta la comprobada eficacia de las terapias alternativas pues tachan a dichos terapeutas como "charlatanes" y a los resultados obtenidos como una simple sugestión del paciente producto de un efecto "placebo".



Ante tales situaciones me he visto empujada a practicar Reiki de la manera más discreta posible. Al llegar al hospital, la enfermera Jefa de Piso o la Trabajadora Social me indican cuales son los enfermos más graves o en etapa terminal para que yo pase a visitarlos. Cuando llego junto al enfermo lo saludo, lo llamo por su nombre y al tiempo que platicamos le pido permiso para tocarlo. Entonces coloco una de mis manos sobre su cabeza (chakra corona) y la otra sobre la propia mano del paciente. Invoco mentalmente los símbolos de la distancia y mental, e imagino cómo salen a través de mis manos y recorren por completo el cuerpo del enfermo. Si éste se encuentra despierto y consciente, empieza a platicar sin tapujos acerca de sus preocupaciones, de sus dolores, o llegan incluso a decir que "inexplicablemente" se han empezado a sentir muy bien, y que en realidad quienes necesitan ayuda son sus familiares.



Del otro lado de la moneda se encuentran aquellos cuya situación es tan crítica que ya están inconscientes, conectados a varios aparatos que sostienen su vida artificialmente. Tal es el caso de la señora N. Cuando llegué a su lado abrió sus ojos al escuchar mi voz, le pedí permiso para tocarla y ella asintió levemente con su cabeza. Le pregunté: - ¿Está Ud. asustada?, y ella asintió. - ¿Ya quiere que la desconecten verdad?, asintió nuevamente. Entonces le pedí que cerrara sus ojos y que tratara de imaginar que la Presencia Divina en quien ella más confiara se encontraba al lado suyo y que amorosamente empezaba a liberarla y a desconectar cada uno de los aparatos y tubos. En este punto, yo observé que el pulso de la paciente descendía y su respiración se hacía más pausada. Repentinamente la mujer se estremeció asustada y abrió los ojos. Yo acaricié sus cabellos para tranquilizarla, visualicé los símbolos sobre su plexo y mentalmente recité varias veces (ya no recuerdo cuantas): "Om mani padme hum hrih", pues este mantra invoca al Buda de la Misericordia. En un par de minutos la señora N, estaba tranquila y relajada de nuevo. Entonces salí de la habitación dejándola con un rictus de paz en su rostro. Veinte minutos después, murió apaciblemente.



Otra técnica que he aplicado en mi trabajo es la del Powa Esencial. Este ritual tibetano ayuda a la persona a reconocer dudas, remordimientos, heridas y temores. Al ubicar las zonas que necesitan purificarse es necesario pedir perdón y bendiciones. Para llevar a cabo tal proceso se invoca a una Presencia Divina o a un Buda que responde enviando amor, perdón, energía sanadora y confianza.



Al llegar al hospital, la enfermera Jefa de Piso o la Trabajadora Social me indican cuales son los enfermos más graves o en etapa terminal para que yo pase a visitarlos. Si el paciente a quien me acerco está presentando los estertores de la muerte, o bien, tiene poco tiempo de haber perdido signos vitales, entonces visualizo a Jesús, o al Angel Guardían de la persona en cuestión colocándose a un costado del moribundo y convirtiéndolo en una pequeña esfera de luz que sale volando y se disuelve en el corazón de la Presencia Divina para guiarlo en su paso a otra dimensión, liberándolo así del miedo y del sufrimiento.



Es notorio también el enorme provecho que resulta de llevar "grabados" en las palmas de la mano el símbolo del poder en color rosa al momento de acercarnos a consolar a una persona que está en shock tras la pérdida de un ser querido. Mediante este sencillo procedimiento y sin necesidad de dictar grandes discursos para tratar de aliviar el sufrimiento de los deudos; al tiempo de acercarnos a ellos, abrazarlos, extenderles nuestra mano o darles una palmadita en la espalda, ellos sienten una tranquilidad inmediata manifestando incluso "que se sienten más ligeros".



Estoy consciente que para muchos que lean esta información, mis técnicas nada tienen que ver con Reiki. Sin embargo, cuando no se dispone del lugar adecuado y ante la ignorancia de muchas personas acerca del significado y las implicaciones reales de esta hermosa disciplina, creo que por ayudar al prójimo todo es válido.



En mi caso cuando doy terapias en mi casa (que es donde tengo mi lugar de trabajo), me concreto a dar el Reiki con la técnica tradicional, sin embargo, para la labor de tanatóloga he tenido que recurrir a otras fuentes de información, pues mis instructores Reiki solo me habían enseñado la aplicación de éste sobre personas enfermas pero no en fase terminal. Así que, buscando y buscando, me encontré con los libros de la Dra. Elizabeth Kubler-Ross y con uno de Christiane Longaker. Esta última describe con gran detalle en su libro "Afrontar la muerte y encontrar esperanza", una serie de hermosas prácticas tibetanas que en lo personal me han sido de gran, gran utilidad.



Me he decidido a compartir estas experiencias con todos los trabajadores de la luz, y con todo el que quiera escuchar porque yo misma acabo de sufrir la pérdida de mi padre hace ya un año. He visto como tras un diagnóstico de cáncer hepático y un pronóstico de vida de 6 meses, al poner en marcha algunos de los recursos que arriba describo, pudo él en tan solo dos meses desprenderse sin miedo, en paz y partir hacia los brazos del Creador. Además yo misma pude así "sobrevivir" al dolor punzante y desgarrador de verlo partir y saber que físicamente no estaría ya más a mi lado para aconsejarme, para mimarme....



Reiki definitivamente, me salvó de la depresión y la desesperanza.

Georgina Avalos, México

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