sábado, 6 de octubre de 2012






¿Por qué honrar a la Diosa y dejarnos guiar por ella?

Ya en el neolítico se honraba la vida como respuesta a la muerte. Los ciclos son la vida misma. Honrar a la diosa es honrar la vida y la naturaleza, el amor y la hermandad. La vida en comunidad, la sexualidad, la sanación, la fertilidad, la alegría, los alimentos...
No hay castigo, sino placer.
El mundo de la diosa madre tenía preferencia por
los símbolos de la energía y del desarrollo: manantiales, árboles de la vida, vasijas, vientres grávidos, cuartos de luna, semicírculos, hachas, etc.

Un poco de historia:
La religión de la diosa se remonta no sólo al inicio del feminismo, sino al comienzo de los tiempos. La diosa, la gran madre, estaba antes que las iglesias católicas y protestantes, el judaísmo, el Islam, la Grecia clásica y antes que hubiera Dios o dioses.

Ella fue adorada como la fuente de la vida en todas las culturas y civilizaciones del mundo y las mujeres fueron reverenciadas como su imagen dadora de vida.
Cada cultura tenía sus historias de creación y poder que la involucraban y uno o muchos aspectos y nombres para su “ser”.

Ella es universal en sus miles de nombres e historias y es la innegable raíz de todas las religiones y el concepto mismo de religión.
Además, evidencias de antropólogos y arqueólogos indican que las civilizaciones pre-Dios (diosa) fueros matriarcales y pacíficas, y estructuradas de forma muy diferente al mundo actual.

No se ha encontrado evidencia de lucha o violencia humana en ninguna de las antiguas ciudades del Cercano Oriente hasta finales del tercer milenio, cuando invadieron los nómadas patriarcales. –
El poder espiritual de la mujer (Diane Stein)


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